Colomencs de tot el Món
Encetem en aquesta secció una galeria per on desfilaran colomencs”diferents”, en el sentit que no han nascut aquí, ni han arribat procedents d’Espanya sinó que vénen de països geogràficament llunyans i, en molts casos, també culturalment distants. Tots han vingut duts d’una empenta molt positiva com és l’anhel de progressar humanament i obrir-se un demà millor. La seva arribada enriqueix la nostra ciutat. Ells ens ajuden a mirar més enllàde nosaltres. En sortir en la nostra web, els amics i amigues que la visitin fruiran del panorama que els nous colomencs i colomenques ens ofereixen. Al mateix temps, aquests nouvinguts es faran més presents. I esperem que en ser objecte de l’atenció admirativa dels seus conciutadans, els resulti més fàcil, i satisfactòria, la seva aclimatació a Santa Coloma.
Andréia Regina Gonçalves
“Buscamos mejores condiciones de vida y estudios”
Andréia Regina Gonçalves no hace aun un año que vive en Santa Coloma. Vino del Brasil para reunirse con su marido, que llevaba aquí dos años.
- La primera impresión que tuve al llegar fue de decepción. Habíamos oído hablar tanto de Barcelona, como si Europa fuese algo de otro planeta. La vi como Sao Paulo y aun encuentro que Sao Paulo es más bonito. Aquí vivo en un cuarto piso, desde mi ventana veo Montjuic, la Sagrada Familia, el Tibidabo…
- ¿Y Santa Coloma?
- ¡Me gusta! Es una ciudad tranquila, en Brasil había mucha violencia. Aquí siempre hay una plaza cercana, un parque donde jugar, pero me he movido poco.
-¿Y la gente?
- Mantengo poca relación con la gente de aquí. Mi marido se queja de que sus compañeros no saben nada del Brasil, sólo conocen Río de Janeiro y creen que todo lo demás es selva y el Amazonas, y que hay serpientes y fieras… Yo tengo una amiga catalana excelente. La gente catalana mayor es muy simpática pero los jóvenes no. Me ha sorprendido cómo hablan a los padres, les contestan gritando. En mi pueblo hay un gran respeto por los papás y mamás y por la gente mayor.
- ¿Te relacionas con algún grupo?
- Sí, un grupo de brasileños. Con algunos ya nos conocíamos en el Brasil, los otros los he conocido aquí. Somos de veinticinco a treinta, nos encontramos una vez al mes, llevamos cosas para comer y alternamos las casas para reunirnos. También nos encontramos en la iglesia, aquí voy a Sant Jaume. O vamos a una iglesia de Barcelona, donde la misa es en portugués.
Andréia habla bastante bien el castellano, con acento brasileño, con cadenciosa musicalidad. Hay una palabra que liga con esa melancolía del habla: saudade.
- ¿Sientes saudade?
- ¡Cómo no! En el Brasil está mi mamá y mi papá, tengo mucha-mucha añoranza, me acuerdo de todo. Aquí estoy contenta y hasta feliz, vivo mejor, tengo salud y, lo mejor de todo, tengo a Dios junto a mí. Nosotros decidimos venir para acá porque el trabajo de mi marido era demasiado duro. Buscamos mejores condiciones de vida, y poder estudiar, para que cuando volvamos tengamos un trabajo mejor. Allí se trabajaba duro, todo el día, de sol a sol. Mi marido trabajaba en la granja de mi mamá, todo el día en el campo, cosechábamos para nosotros y para alimentar las vacas y vendíamos la leche… Ahora hace de lampista y cuando regrese al Brasil ya no volverá al campo. Mi madre y yo vendíamos ropa por las casas, era agotador, todo el día, arriba y abajo con la motocicleta…
- ¿Ahora no trabajas?
- No tengo papeles, sin ellos no puedo trabajar… Cuando vine a España tenía un sueño, estudiar castellano (en el Brasil el español es la segunda lengua que se enseña en la escuela) y quería ser profesora de español, pero exigen un certificado de estudios de español y todavía no he podido empezar porque no estoy trabajando y el sueldo de mi marido no llega para hacer el curso.
Andréia piensa volver al Brasil, donde nació hace 28 años. Pasó la infancia en la granja de su mamá, en las afueras de Teixeirópolis, una pequeña población de la provincia de Rondônia, cuya capital es Porto Velho. El nombre lo tomó de Manuel Teixeira, el hombre que llevó la electricidad al pueblo. En una hoja de papel, Andréia dibuja el plano de su granja. Su casita y la de su mamá, con otras casas de los vecinos, a la vera del rio Mandi. La casa era de madera con una habitación, una cocina y un baño. Recuerda el tremendo calor que hacía.
- Éramos una familia trabajadora ni ricos ni miserables, vivíamos de lo que producíamos. Y de la ropa que vendíamos, un negocio poco rentable.
La nena de l'Andréia, a la granja de la seva mamà
Porto-Velho, la capital de Rondònia, la província on es troba el poble de l'Andréia
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